Monsacro. Última morada de la Mesa de Salomón.

Fragmento de mi artículo en la revista El octavo sabio. Noviembre de 2016.

… España es un lugar en donde, desde tiempos antiguos, ha venido a parar una gran parte de las reliquias y objetos de culto más importantes de la religión judeocristiana. Este es el motivo por el que una nueva generación de investigadores ha vuelto su mirada hacia el estudio de estos auténticos enigmas de nuestro pasado. Entre ellos, uno ha llamado la atención por encima de todos. Me refiero a la famosa Mesa de Salomón, que muchos han relacionado con la Mesa de los Panes de la Presencia, mandada construir por Moisés durante el Éxodo del pueblo israelita en el desierto, y que más tarde ocupó un lugar de privilegio en el interior del gran templo erigido en Jerusalén, durante el reinado del rey Salomón. Esto es al menos lo que nos cuenta la historia, porque este objeto de poder tiene asociada otra parte legendaria, aquella referida al Shem Shemaforash, un concepto que según una antigua tradición otorgaba un grado de sabiduría de origen divino a aquel que tuviese conocimiento de este nombre secreto de Dios.

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LA LOCA HISTORIA DEL ARCA: EXTRATERRESTRES

En Operación trompetas de Jericó traté de exponer nuevas hipótesis sobre la naturaleza y el lugar en donde pudo quedar oculta el Arca de la Alianza, pero alejándome de planteamientos esotéricos y sensacionalistas. Sorprendentemente, durante mi estudio descubrí que esta mítica reliquia fue buscada por todo tipo de farsantes e iluminados.

… esta excesiva literalidad, unida a una febril imaginación, fue lo que llevó a muchos de los denominados astroarqueólogos a proponer la intervención de los extraterrestres para explicar los extraños poderes que desde el principio tuvo el Arca. En su opinión, esta terrible máquina fue concebida como un potente condensador eléctrico e incluso como un arma nuclear, cuya naturaleza sólo podía ser explicada «satisfactoriamente» recurriendo a los omnipresentes marcianos, que al parecer aún tuvieron tiempo después de construir las pirámides para volver a la Tierra y fabricar este gran objeto de poder.

Lo que ni siquiera ellos pudieron imaginar fueron los motivos por los que estos seres de otros mundos, no tuvieron mejor cosa que hacer que emprender un viaje interestelar para entregar el Arca a los israelitas y así ayudarlos en su huida de Egipto. Es por este motivo por el que no tardaron en aparecer nuevas y sorprendentes teorías de autores que dejaron con la boca abierta a los más serios estudiosos de este gran misterio del pasado, que por una u otra causa habían invertido su vida en el estudio del Arca de la Alianza.

Uno de ellos fue el ingeniero George Sassoon, del que ya hablamos, autor en 1978 del libro La cábala descifrada, en el que afirma, sin ningún tipo de lógica, que Yahvé era en realidad un extraterrestre y que si vino a la Tierra era porque necesitaba crear una élite tremendamente cualificada para que tuviese una enorme influencia cultural y de esta forma intentar mejorar la sociedad terrenal. Ese fue el motivo por el que Yahvé, que no era más que una especie de ET, pero con mucha más mala idea, salvó a un pequeño grupo de habitantes semitas oprimidos en Egipto, para posteriormente someterlos a toda clase de penurias por el desierto, antes de conquistar su nuevo reino con la ayuda de su incomparable utensilio procedente del espacio profundo. Leer para creer. Antes que él, el célebre escritor Erich von Daniken ya había abierto el camino a esta presunta participación de una civilización alienígena en la construcción del Arca en su obra de 1968, Recuerdos del futuro. En ella afirma que, sin duda, el Arca del Testamento estaba cargada eléctricamente y que el condensador estuvo formado por láminas de oro. Según él, si uno de los querubines sobre el revestimiento hubiese funcionado como magneto, el sistema de altavoces, tal vez un circuito radiofónico entre Moisés y una supuesta nave espacial que estaría orbitando la Tierra, habría sido perfecto. Dicho de otra manera: el Arca fue efectivamente una especie de emisora, pero no para hablar con Dios, sino con los marcianos. Lo más gracioso de todo es que Von Daniken propuso esta teoría para dar sentido y ofrecer una explicación lógica al enigma de la reliquia y sus presuntos poderes sobrenaturales. Pero los ufólogos no habían dicho la última palabra.

Un nuevo investigador, el exjesuita Salvador Freixedo, aseguró salir al rescate de la credibilidad de la Biblia como libro histórico cuando dijo que los estudiosos como él no tenían problemas para entender todo lo que se decía sobre Moisés y el Arca en el Génesis, el Éxodo y el Deuteronomio, gracias a su estudio del fenómeno OVNI. Otros autores como Raymond Drake, en su obra de sugerente nombre Dioses y astronautas en el antiguo Israel, señalan que la historia de la liberación de un pueblo oprimido por un héroe iniciado por Dios, con increíbles prodigios como los que se narran en la Biblia, no puede ser explicada por la teología o por los rabinos judíos, sino por la ciencia del espacio y por la existencia de los OVNIS que aún hoy siguen rondando por el firmamento. A partir de entonces el estudio del Arca entró de lleno en el campo de una nueva disciplina con cada vez más adeptos: la ufología. Uno a uno, los investigadores del fenómeno OVNI empezaron a utilizar los hechos transmitidos en la Biblia relacionados con el Arca y Moisés para presentar unas pruebas, que sólo ellos consideraban irrefutables, y que para colmo permitirían confirmar los contactos con seres de otros planetas desde nuestros más remotos orígenes históricos. Uno de estos episodios se produjo cuando los israelitas trataron de abrirse paso por las aguas del mar Rojo, para escapar de la persecución a la que se vieron sometidos por parte del ejército del faraón después de abandonar Egipto. De esta forma, muchos de estos especialistas aseguraron que la milagrosa apertura del mar fue fruto, simple y llanamente, de la existencia de una tecnología superior de origen foráneo. Para ellos, una supuesta nave extraterrestre podría haber dirigido un haz de antigravedad para dividir las aguas y permitir el paso de los oprimidos hebreos. Cuando estos ya estaban en la otra orilla, los extraterrestres cortaron la fuerza de atracción, por lo que las enormes murallas de agua volvieron a caer, sepultando de esta manera al ejército egipcio, que nunca pudo comprender por qué esos malditos marcianos la habían tomado de esta forma con ellos.
Pero aunque me resultase increíble, aún me quedaba por oír la más extraña hipótesis que relacionaba el estudio del Arca con la llegada de nuevos seres procedentes de otros mundos, pero esta vez a la hora de interpretar el insólito alimento con el que los israelitas se alimentaron durante su larga estancia en el desierto: el maná.

Según la Biblia, este sería parecido a la semilla de cilantro blanco, pero con un sabor tan dulce como la miel, y cuya obtención sólo fue posible gracias a la generosidad de Yahvé, que si bien se había empeñado en mantener a su amado pueblo peregrinando sin rumbo fijo durante cuarenta años en condiciones climáticas extremas, bien es cierto que por lo menos se preocupó de su subsistencia. Lo realmente curioso es que los investigadores del fenómeno OVNI relacionaron la existencia del maná con una especie de singular máquina que sería, en última instancia, la que fabricó tan digno alimento. De nuevo, el ingeniero George Sassoon volvió a la carga para ofrecer una explicación asombrosa sobre el proceso de elaboración de un producto que él consideraba una especie de proteína unicelular creada mediante un sistema de fermentación que requirió de una fuerte luz parecida al láser. Por supuesto, el investigador no dudó en plantearse la existencia de este tipo de tecnología para el segundo mileno a. C. (ahí no tuve más remedio que darle la razón), por eso terminó recurriendo a la presencia de sus amados extraterrestres para dar sentido al nuevo «misterio». En este sentido, autores como Raymond Drake llegaron a afirmar que las naves espaciales, desde tiempos remotos, arrojaron una sustancia blanca que se sintetizaba en la atmósfera cuando entraba en contacto con ella. Y por si esto fuera poco, aún tuvo la valentía de ofrecer una referencia histórica para validar su teoría. Según Drake, los antiguos griegos ya conocían esta sustancia, pero ellos con el nombre de «ambrosía de los dioses». Obviamente, los estudiosos serios del pasado israelita no tardaron en poner el grito en el cielo como consecuencia de la proliferación de todas estas majaderías que más de uno quiso creerse. Pero a mí lo que más me costó asumir, no fue el hecho que los marcianos estuviesen detrás de alguno de estos acontecimientos, sino que los israelitas tuviesen el estómago y las ganas de comerse una cosa tan repugnante como narraban estos estudiosos de «otros mundos».

Es más, un nuevo investigador llegó a afirmar que Moisés, al que supuso con evidentes problemas visuales, creyó ver una zarza ardiente mediante la cual Yahvé le anunció su misión, cuando realmente era una nueva nave espacial que se había posado sobre la montaña, y cuya luz provocó el deslumbramiento del gran legislador judío. Estaba claro que sobre la naturaleza del Arca se habían dicho muchos despropósitos, por eso no tardó en aparecer una nueva corriente para tratar de poner orden en este enorme galimatías que en buena medida había desvirtuado el estudio de la misma. Este fue el motivo por el que traté de proponer una nueva visión del Arca, basándome en los pocos datos que tenemos sobre ella: una reliquia que deberíamos interpretar como lo que realmente tuvo que ser, un objeto de poder con un evidente significado religioso, cuya naturaleza le hizo convertirse en una de las piezas más codiciadas y buscadas de todos los tiempos. De lo que no tenía ningún tipo de duda era sobre el contexto claramente egipcio en el que se produce la aparición de esta pieza… Es en este lugar en donde decidí centrar mis investigaciones…

 

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La Segunda Guerra Púnica se decide en Hispania

Hace más de dos mil años, dos grandes potencias, Roma y Cartago, se enfrentaron en una lucha a muerte por conseguir la hegemonía en el Mediterráneo. La Península Ibérica tuvo un papel protagonista en esta contienda, considerada la más decisiva de la Antigüedad. Fragmento del artículo publicado en el número 20 de la revista Vive la Historia.

    por  Javier Martínez-Pinna

…Todo empezó en el año 219 antes de Cristo, cuando otro general cartaginés, Aníbal, decidió dar un paso adelante y conquistar la localidad de Sagunto. Esa tenía que ser la excusa perfecta para forzar a los romanos a declarar una guerra que él deseaba más que nadie. La humillante derrota sufrida por Cartago en ese primer conflicto que enfrentó a las dos potencias mediterráneas entre el 264 y el 241 antes de Cristo, no podía ser olvidada, y ahora había llegado el momento de cobrarse justa venganza.
La Península Ibérica se había convertido en una excelente reserva en donde los cartagineses pudieron adquirir nuevos recursos para tratar de recuperar su maltrecha economía. Además, en la mente de Aníbal estas tierras debían de convertirse en una inmejorable base de operaciones desde donde atacar a su odiado enemigo, y por eso los romanos siempre consideraron a España como el lugar en donde, con toda seguridad, se iban a producir las batallas más importantes en este conflicto que muchos han considerado como la primera gran guerra mundial de la Historia.
Así lo siguieron considerando cuando, en contra de todo pronóstico, Aníbal encabezó una épica marcha con un enorme ejército compuesto por más de 40000 hombres que tras atravesar los Alpes cayó, de forma imprevista, sobre una indefensa Italia que a partir de ese momento se dispuso a sufrir para sobrevivir a tan ardua prueba. Pero a pesar de todo, los romanos no se olvidaron de la Península Ibérica, incluso cuando la misma Roma llegó a peligrar ante el imparable avance de Aníbal por la Península Itálica. El Senado no dudó en enviar a Cneo Cornelio Escipión hacia España, al mando de una poderosa flota y un ejército compuesto por dos simples legiones que poco podían hacer frente a las fuerzas de Cartago que por aquel entonces alcanzaban los 26000 hombres.

Tras desembarcar en Ampurias, Cneo Cornelio Escipión emprendió una rápida marcha para derrotar al pequeño contingente de Hannón y posteriormente ocupar la ciudad de Cesse, la futura Tarraco, por lo que se restableció la zona de influencia romana al norte de río Ebro. Esto es algo que no podían permitir los cartagineses, por eso enviaron una escuadra compuesta por 40 navíos hacia la zona de la desembocadura del Ebro, para ser nuevamente derrotados por unos romanos que desde ese momento se aseguraron el control del mar. Esta victoria animó a los senadores romanos, por eso hicieron un nuevo esfuerzo enviando al hermano de Cneo, Publio Cornelio Escipión, con una nueva flota de más de 30 navíos y otros 8000 hombres para reforzar la posición de Cneo que ya miraba descaradamente hacia el sur de sus posiciones originales.
Es en estos momentos cuando se produce un episodio que se nos antoja fundamental para comprender el resultado de la contienda, cuando el gobierno cartaginés decidió enviar unos refuerzos que tenían preparados para ir a Italia con el objetivo de ayudar a un Aníbal, que acababa de infligir una importante derrota al ejército romano en los campos de Cannas. Según Tito Livio, este contingente estaba formado por 12000 infantes, 1500 jinetes, 20 elefantes y 60 barcos, dirigidos por Magón, que desde ese momento empezaron a recuperar el terreno perdido a pesar de los esfuerzos de los Escipiones por no verse desalojados del solar ibérico. Derrotados en Italia, los romanos sabían que su única posibilidad de supervivencia residía en frenar la acometida púnica, para así evitar que Aníbal pudiese abastecerse desde la lejana Hispania. Pues bien, el año 211 antes de Cristo los dos hermanos se pusieron nuevamente en movimiento, aprovechando que el ejército cartaginés se encontraba dividido para tratar de aplacar una revuelta de los pueblos indígenas en el sur peninsular. Publio Cornelio Escipión asumió la responsabilidad de dirigir a las dos terceras partes del ejército para atacar a los contingentes dirigidos por Magón y por Asdrúbal Giscón, mientras que Cneo, con el tercio restante apoyado por los mercenarios celtíberos marchó contra Asdrúbal.
En ese momento se produjo la fatalidad. Cuando todo parecía propicio para las armas romanas, el poderoso Asdrúbal consiguió, en el último momento atraerse el favor de los celtíberos, por lo que Cneo se vio obligado a recular hasta hacerse fuerte en un montículo cercano a la localidad de Ilorci. Al mismo tiempo, Publio a duras penas podía mantener sus posiciones, más aún, cuando los númidas llegaron en apoyo de los cartagineses, forzando al romano a presentar batalla para sufrir una apabullante derrota en la ciudad de Cástulo, en donde el general romano perdió la vida. La unión de todos los ejércitos púnicos, terminó por estrechar el cerco de Cneo que vio cómo su ejército era totalmente destruido antes de morir a manos de sus enemigos…

 

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El tesoro pirata de Francis Drake.

Sir Francis Drake, considerado uno de los grandes héroes de la historia inglesa, fue el responsable del asesinato, tortura y violación de hombres, mujeres y niños que habitaban los campos y villas de la América Hispana… y todo ello en un momento en el que España e Inglaterra se encontraban en paz.

fragmento de mi artículo en la revista Clío Historia, septiembre de 2016.

…a éste le siguieron otros muchos como su compatriota François Le Clerc o John Hawkins, aunque ninguno alcanzó la fama que en su día adquirió Francis Drake, con el que se inicia una nueva etapa en la que una serie de infames corsarios y filibusteros, pagados por la siniestra reina inglesa Isabel I, trataron de debilitar el incontestable poder que los españoles estaban adquiriendo en el hemisferio occidental. Personajes como Drake, Walter Raleigh o el desalmado Henry Morgan, regaron con la sangre de hombres, mujeres y niños, los campos y villas de la América Hispana y todos ellos al servicio de una reina que,  en más de una ocasión,  se abrió de piernas maravillada por los servicios que le brindaron alguno de tan infames monstruos.

A sir Francis Drake, convertido en caballero y con una fama que triunfo sobre el paso del tiempo en el reino de Inglaterra, no le temblaba el pulso a la hora de ahorcar a cualquier individuo sospechoso de esconder un botín. Tras el saqueo y destrucción de la ciudad de Santo Domingo, él mismo eligió a unos frailes para someterlos a tormento y colgarlos por no haber revelado el escondite de unas pocas monedas pertenecientes a su orden. Poco después reduce a cenizas la bella ciudad de Cartagena de Indias, después de hacerse con un botín de 110.000 ducados, y todo ello en un momento en el que las dos naciones, España e Inglaterra, se encontraban en paz…

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La tumba perdida de “El azote de Dios”

La búsqueda de las más grandes tumbas perdidas de todos los tiempos. Fragmento del artículo publicado en ABC.

El «Azote de Dios», como apodaron los historiadores romanos al mítico rey de los hunos, murió en la noche de su boda con Ildico, que aún lloraba la muerte de su padre y sus hermanos por los hunos. Era marzo del año 453 y Atila había cumplido ya los 58 años. Se sabe que padecía una enfermedad incurable. Sufría abundantes hemorragias. Por eso, cuando le encontraron muerto en el suelo y lleno de sangre ante la asustada mirada de la joven goda, los generales de Atila comprendieron que no era una venganza. Había fallecido de muerte natural.

Así lo dice José Luis Vila-San-Juan en sus «Memorias de Atila»: «Tal como correspondía a un emperador, se expuso el cadáver de Atila sobre las más preciosas pieles. Le velaron sus hijos, jefes de sus tribus, altos dignatarios, Onegesio y todos sus generales».

Al día siguiente se celebraron los «juegos fúnebres» de los hunos, con cantos épicos, música, danzas, carreras de caballos, lanzamiento de flechas a un blanco… mientras otros preparaban su tumba. Se sabe que ante los restos mortales de Atila se pronunció un canto conmemorativo antes de que el rey de los hunos fuera depositado según la leyenda en un triple sarcófago (uno de oro, en otro de plata y finalmente en uno de hierro) con sus objetos más queridos «entre los que no faltaría la espada de Marte», señala Vila-San-Juan.

En el entierro sólo estuvieron sus hijos y sus más fieles generales que juraron guardar el secreto sobre el lugar de su tumba. Los soldados que cavaron la fosa «consideraron un honor suicidarse» para que nadie la profanara jamás, según el relato descrito en las «Memorias de Atila». Y jamás ha sido encontrada.

«Lo más probable es que, siguiendo las viejas tradiciones bárbaras, la última morada del guerrero estuviese en algún enclave concreto cerca de su lugar de nacimiento. Es por eso por lo que la mayor parte de los investigadores apuntan hacia una zona comprendida entre Rumanía y Bulgaria», apunta Javier Martínez-Pinna en «Grandes tesoros ocultos» aunque otros creen que podría encontrarse en «Kalemegdan, una antigua fortaleza situada en uno de los barrios de la ciudad de Belgrado, en la confluencia de los ríos Sava y Danubio, que, según una leyenda local, fue donde se situó la morada última del temido Azote de Dios», añade.

En marzo de 2014, corrió por Internet la noticia de que un grupo de obreros que construían los cimientos de un nuevo puente sobre el río Danubio en Budapest, la capital de Hungría, habían dado con un espectacular sepulcro del s.VI, la tumba de Atila. La información resultó ser uno de tantos «fake» o noticias falsas que circulan por el ciberespacio.

 

http://www.abc.es/cultura/abci-tumbas-mas-buscadas-historia-201510301357_noticia.html

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El tesoro del capitán Kidd.

Fragmento de mi artículo en el nuevo número de la revista Clío Historia.

Durante generaciones, siempre hemos soñado con la posibilidad de encontrar un tesoro oculto, especialmente durante la infancia, tal vez porque en este periodo de nuestras vidas es cuando más cerca nos encontramos de nuestra propia naturaleza, y cuando más interés tenemos en descubrir los secretos de un mundo desconocido para nosotros. Entre todos ellos, los relacionados con los piratas fueron, sin duda, los que más fascinación han despertado.

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En este sentido, la auténtica leyenda sobre la existencia de un espectacular tesoro pirata, que más tarde inspiraría a Stevenson en su Isla del Tesoro o a Richard Donner al dirigir Los Goonies, película con la que muchos viajamos a un apasionante mundo de aventuras, se forjó durante la vida de un famoso corsario británico: el capitán Kidd.

De él es poco lo que sabemos, especialmente sobre su infancia. Al parecer nació en el año 1645 en Greenock, Escocia, y desde bien pronto orientó su vida hacia el mar, razón por la que pronto tomó una decisión fundamental, la de ingresar en la Royal Navy, destacando por encima de todos hasta ser premiado con la responsabilidad de capitanear un pequeño bergantín de veinte cañones, con el que protagonizó una de las primeras acciones de las que tenemos noticias, al batirse valerosamente contra cinco barcos franceses.

En 1691 llegó a Nueva York para sentar cabeza. Allí se casó con una viuda rica y también cultivó la amistad de importantes políticos y grandes comerciantes de la ciudad; pero en 1695, hastiado de una vida que tuvo que considerar insulsa, marchó de nuevo hacia Inglaterra con la intención de buscar patrocinadores para una nueva aventura en el mar. No sin dificultades, Kidd logró formar una sociedad y adquirir un importante buque para trasladarlo al Índico, y así luchar contra los piratas que perjudicaban los intereses de los comerciantes neoyorquinos. Por otra parte, como Inglaterra y Francia se encontraban en guerra, no le fue difícil conseguir una patente de corso para apresar los navíos franceses que se cruzasen en su camino.

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El prestigio de Kidd le precedía, y por eso el ánimo cundió entre los londinenses, que se abrazaron incondicionalmente al sueño del capitán mientras arengaba a todos los hombres de mar con su famoso grito pirata: No hay botín, no hay paga. El barco elegido fue el Adventure Galley, de treinta y cuatro cañones, con el partió en 1696 con destino a Madagascar, pero pronto las cosas empezaron a torcerse, porque el tan ansiado botín no parecía llegar nunca, encendiendo los ánimos de su tripulación que llegó a plantearse incluso la posibilidad del amotinamiento. Para atajar la situación Kidd decidió asaltar el primer barco que se puso a tiro, pero para su desgracia este resultó ser una pequeña nave que lucía una bandera británica, por lo que su acción le convirtió en pirata. Algo que le costaría muy caro.

Desde ese momento la suerte, que hasta ese momento había sido esquiva con el navegante escocés, volvió a ponerse de su parte, pero no por mucho tiempo porque poco después, especialmente a partir de 1698, las cosas empezaron a torcerse definitivamente al tener constancia de que el Gobierno británico le había declarado pirata, por lo que comprendió que era un hombre sentenciado y perseguido.

Ante lo delicado de su situación decidió abandonar el Índico, iniciando un épico viaje en el que se vio obligado a superar todo tipo de pruebas, mientras navegaba por medio mundo perseguido por los buques de la Royal Navy. Durante el trayecto, Kidd tomó una decisión fundamental para entender esta historia, porque en algún lugar desconocido de las colonias norteamericanas decidió enterrar su famoso tesoro. Las razones por las que lo hizo no las conocemos. Tal vez trató de guardarse una carta bajo su manga para poder negociar un posible rescate. Quizás lo único que pretendía era asegurarse una feliz jubilación una vez superase los trámites jurídicos que debía afrontar como consecuencia de los actos vandálicos que había protagonizado contra los barcos de Su Majestad.

No podía estar más equivocado porque en 1699, el corsario llegó a Boston para ser apresado y cargado de cadenas, como un vulgar criminal, con las que viajó detenido hacia Inglaterra, en donde le esperaba una pequeña e insalubre celda en la prisión de Newgate. Allí se vio forzado a compartir espacio con los más peligrosos delincuentes de los bajos fondos londinenses, esperando un juicio cuyo veredicto estaba escrito de antemano…

El resto del artículo en el número de este mes de la revista CLÍO HISTORIA.

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La existencia histórica del Arca de la Alianza.

Fragmento de mi artículo “El busca del Arca de la Alianza” en el número de este mes de la revista MUY HISTORIA, en el que hago un breve resumen sobre las conclusiones a las que llegué en Operación trompetas de Jericó.

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Para tratar de responder a la pregunta sobre lo que era el Arca de la Alianza, los investigadores se han tenido que sumergir en el polémico debate historiográfico surgido en el seno de la Arqueología bíblica, el cual cuenta con dos posturas claramente enfrentadas.

La primera está formada por una serie de estudiosos que siguen creyendo, a pies juntillas, todo lo que narra la Biblia, a pesar de las evidentes contradicciones históricas que presenta, mientras que en el otro extremo están los conocidos como minimalistas, cuyos máximos representantes se siguen empeñando en rechazar todo lo que transmitían las Sagradas Escrituras, por considerarlas una simple construcción teórica surgida en el seno de los círculos sacerdotales para fortalecer las pretensiones políticas de los reyes de Judá en el siglo VII antes de Cristo. A pesar de rodearse de un halo de ortodoxia academicista, en algunos casos extremos esta postura tampoco parece sostenerse, porque la documentación y las fuentes materiales demostrarían que parte de lo dicho en la Biblia tiene un carácter histórico.

En lo que se refiere al Arca de la Alianza, la posición de cada una de estas escuelas resulta evidente: para los primeros la reliquia sería literalmente lo que establece el Pentateuco, una especie de objeto sagrado, mágico y con poderes sobrenaturales, mientras que para los segundos, los más escépticos con el relato bíblico, el Arca ni siquiera habría existido. Por todo esto, en los últimos años, los investigadores han tratado de encontrar evidencias sobre la existencia de este tipo de objetos en el contexto espacio-temporal en el que los israelitas hicieron del Arca su objeto de culto más importante, tanto que simbolizaría la presencia de su Dios en la Tierra. Y la respuesta creyeron encontrarla en Egipto, porque allí pudieron observar una serie de pruebas que corroborarían la presencia de artefactos con similares características en la misma época, pero también en el mismo espacio geográfico que señala el Antiguo Testamento para el Arca de la Alianza. Uno de estos ejemplos lo pudo observar el afamado arqueólogo Howard Carter cuando en 1922 descubrió la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. En su interior, como parte del enorme tesoro que formaba el ajuar del joven faraón, distinguió cuatro ataúdes rectangulares, hechos en madera y recubiertos de oro puro, algo que sin duda nos aproxima a las técnicas constructivas utilizadas con el Arca. Flanqueando el sarcófago principal, encontró unas figuras que representaban a dos diosas aladas, en la actualidad consideradas como una representación de Isis y Neftis, dispuestas a modo de centinelas para otorgar protección simbólica al cuerpo sin vida de Tutankamón. Lo más impactante es que ambas diosas aparecían con sus alas extendidas hacia arriba, tal y como nos describe el libro del Éxodo a los querubines situados sobre el propiciatorio del Arca.

Fig. 2.9. Sacerdotes transportando un arca durante la fiesta de Opet. Karnak

 

Más información sobre el tema en el Dossier En busca del Arca de la Alianza, escrito por Javier Martínez-Pinna. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Tesoros perdidos.

http://www.muyhistoria.es/h-antigua/articulo/se-buscan-reliquias-cristianas-321467615660

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